martes, 12 de junio de 2018
Vacuidad
Nada es fácil, la sangre es siempre el dolor del otro
y el amor no dispara contra sí mismo.
Una isla desierta que sorprende en el mar,
la vacuidad no ilumina pero en ella puedo ser todo.
Lo perfecto está en tus manos esperando nacer.
RDM
lunes, 21 de mayo de 2018
El viento grita la libertad
Puedo ver el viento de la libertad en
las alturas de las sierras, sacudir uno a uno todos los penachos de las cortaderas solitarias /brumosas compañías /puedo verlo al viento moldear la piedra en mil
formas, negras con yuyos de barba, graníticas y esbeltas, fuertes y eternas.
El viento se hace nave en mis ojos cuando puedo verlo, silbos que desconozco, nube en donde viajan los pensamientos, frío de pleno enero.
El sol y el sendero oyeron gritos de libertades y sometimientos, caminos de patas y de pies,
desnudos calientes y helados, de puro puma su andar el viento grita, y me silencia, me ahueca la voz y me devuelven ecos de otras voces que han quedado ahí, buscando.
El viento no sabe que estoy aquí, soy espectro, algo que debió estar en otro lado, pero él sigue gritando su libertad y yo la mía.
21/5/13
viernes, 13 de abril de 2018
Delirante
a Jacobo
Fijman
En medio
de la guerra creo aún en la poesía.
Vicente
Zito Lema
Quién sabe su lugar
solo quiero brillar en mi propia oscuridad
en la propia sed de mí
la de entender al poeta encerrado de cordura
alcanzar su prosa
bonita de paisaje pintado por el perfume de la tarde
quién sabe su lugar
me vi andando a su lado aún cuando no conocía esa
lluvia de medio día
aún cuando no escribía en la pared de tiza con
ladrillos ocres del Autumn Leaveas
y otros
sonidos que me acompañan
quiero volver a tus tardes de molinos rojos
de senderos creados por la noche carcomidos por la
luna y otros animales
quiero saber dónde estoy parado en la frescura de
no saber dónde estoy parado
cuál es el lugar de la palabra y de mi mano que la
busca
hoy me basta extender la oreja a tus hojas
amarillas
de hueso y otros fríos del hospicio.
RDM
Aletheia. Casi un prólogo por Horacio Fernández
Aletheia y otros poemas
Ricardo
Di Mario
A Mili Egel Stolz Di Mario
para que la verdad la acompañe siempre.
Casi un prólogo
La
obra visible de Ricardo Di Mario comprende, entre otros trabajos, tres libros
de poemas; libros en los que se ha dado a la nada sencilla tarea de moldear la
dura materia de la palabra, con el firme propósito de obtener de ella algunos
trazos de sentido. Digo la obra visible, porque me consta que este trabajo con
el lenguaje, del que he sido, en parte, testigo privilegiado, viene
cumpliéndose a lo largo de estos últimos treinta años. Imagino, por cierto, que
deben de ser muchos más; tal vez desde la primera adolescencia, en la que
muchos de nosotros hemos borroneado versos urgentes y urgidos por sufrimientos
que a esa edad parecen inabarcables. La diferencia más notoria reside en que
Ricardo Di Mario ha traspasado aquellas inquietudes de juventud para hundir sus
manos, con un compromiso humano y artístico, en la espesura de la palabra y ha ido extrayendo ciertos objetos que
iluminan con visibles fogonazos las vidas de quienes nos asomamos en algún
momento a sus textos.
Así,
resultan especialmente bellas y reveladoras las imágenes de liebres y lebreles
que pueblan su primer libro – liebres, 2002 -, certera metáfora de
la tarea poética. Tema éste que también podemos vislumbras en Guadal
y otros fantasmas (2013) y en este Aletheia y otros poemas que nos
convoca. Es por eso que creo adecuado citar las primeras líneas de la
Dedicatoria con la que se abre liebres: “A Yannis Ritsos y a
Cavafis y a todos los griegos que nos enseñaron las palabras desde Homero hasta
los que sufrieron los tanques del setenta.” (p. 7). Está claro que esta frase
se abre a temas y sentidos constantemente revisitados en las obras posteriores,
ya sea como programa de indagación poético-filosófica, ya como postura
ético-política.
En
efecto, algo de todo esto podemos leer sin ambigüedad, en los fantasmas que
asedian al poeta en “Fantasmas” de su libro Guadal y otros fantasmas;
al tiempo que nos interpelan enfrentándonos a cuestiones centrales de nuestro
tiempo en relación con la ética de la palabra y de nuestra posición frente a la
historia argentina reciente.
Ahora
estamos con Aletheia…en las manos, ante los ojos, el entendimiento y el
corazón, y en estos textos volvemos a
encontrar que persisten las obsesiones del poeta desplegadas dentro de esta
vertiente de la literatura contemporánea
que conjuga la creación con metadiscurso reflexivo y crítico; de este
modo abre otros caminos para la
aprehensión del mundo, y se abre a los múltiples sentidos que podemos reponer
en tanto lectores activos.
En
esta dirección me parecen particularmente significativas la parte III de “La
tierra”: “Soy solo realidad material
/el estado de ánimo /el cansancio del cuerpo / la decisión de no hablar / la matriz de todo sentimiento. /algo me hace
sospechar que el mundo tiene una existencia efímera/ como el sonido de estas
frases /…”, y también “Lenguaje”: Hace
un tiempo / se vienen preguntando qué hacer con el lenguaje / y con ellos / es
tal la confusión que al encontrarse / en lugar de bienvenirse / se despiden.”.
Estos fragmentos funcionan como iluminaciones previas a ese momento central del
libro constituido por la declaración de fe en el poder de la poesía contenido
en el texto que da título a este volumen.
A
modo de síntesis, creo que es oportuno ver en la segunda sección del libro – La voluntad de saber – el espejo en el
que se multiplica Aletheia y otros poemas;
y, tal vez, el interrogante que ha empujado al hombre, al menos desde
los griegos tan amados por Ricardo hasta nosotros, a buscar y buscarse,
debatiéndose en la duda; perdido y vuelto a encontrarse; solitario desvelado;
con la carne desgarrada por el anhelo de encontrar algo de verdad en el mundo,
tal y como puede entreverse en el poema que sirve de título a esta sección.
De
aquí en adelante, el diálogo personal de sus lectores con el poeta.
Horacio Fernández
Muñiz,
junio de 2015
martes, 24 de enero de 2017
La Memoria es la verdad
Los hombres se vieron por primera vez
encendidos en las aguas de un lugar
(en las costas del río del olvido)
y provocados por toda aquella
voluntad de comprender lo que ocurría
y se crearon
unos a otros.
Uno de ellos dijo un día:
Aletheía esta es la verdad
Aletheia
Aletheía esta es la verdad
Aletheia
Aletheía esta es la verdad..
miércoles, 29 de abril de 2015
Mensjeros
Nunca
fue un pétalo avanzando dentro de su tiempo
en los
jardines que añora la flor,
ni más
acá ni en ningún lugar estalla en rayo
como
una luz que la atraviesa de pura invención
de
sonreírle a la tibieza de su propia sombra.
Se sube
a veces la verdad /que es el camino /
un lago
inmenso de la noche
y trata de entender lo claro
conspirar
contra lo invencible
para
arder como despierta.
Y cuando
esto ocurre se acerca despacito
a las voces
de los niños
esa que
sabe nadar entre la niebla y el olvido.
Un
perder y un encontrar son las letras del poema,
ese
conjunto de palabras
donde
la tierra vive como resabio de lo que está oculto
a
cualquier ojo.
Pero también hubo hastío
Pero también hubo hastío
equivocaciones que se hacían desvelo
impedimento de pintar las estrellas del monte,
el sendero silencioso y todo parecía una mentira.
Sin embargo llegaron ellos como espectros de puro sol
y traían la vida en los hombros
desde los rincones del mundo
volviendo del pasado envueltos en vientos del Egeo
navegadores del cielo
argonautas
del presente para decirnos quiénes somos.
lunes, 2 de marzo de 2015
Extrañar el río
Voy hacia el sur de ningún lado,
me encuentran la noche, el frío y otras pieles como esa.
Voy hacia el sur buscando encontrar mi estrella,
el sweter finito, los años de zapatillas, y nada.
Me detengo frente al río que corría por mis espaldas
y lo veo irse llevándose entre mis piernas
la arena de las playas y otras nostalgias/
llevarse los huesos, la memoria, los olvidos/
llevarse puesto en la crecida mis ansias de llegar a ningún lado,
pero al sur de acá/ llevarse todo/
para encontrar aunque sea otras pieles como esa.
Aunque sea parecida a esa piel de manzana que brillaba.
Quiero ir hacia el sur y ver mi río mojándome los labios/
mojándome la cara.
me encuentran la noche, el frío y otras pieles como esa.
Voy hacia el sur buscando encontrar mi estrella,
el sweter finito, los años de zapatillas, y nada.
Me detengo frente al río que corría por mis espaldas
y lo veo irse llevándose entre mis piernas
la arena de las playas y otras nostalgias/
llevarse los huesos, la memoria, los olvidos/
llevarse puesto en la crecida mis ansias de llegar a ningún lado,
pero al sur de acá/ llevarse todo/
para encontrar aunque sea otras pieles como esa.
Aunque sea parecida a esa piel de manzana que brillaba.
Quiero ir hacia el sur y ver mi río mojándome los labios/
mojándome la cara.
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